martes, 15 de diciembre de 2009

SEMINARIO CON MICHEL ODENT Y LILIANA LAMMERS 13,14,15 NOV 2009

Después de tener la suerte de conocer y compartir un fin de semana con el Dr. Michel Odent y la maravillosa Liliana Lammers comparto con todos un breve resumen de todo lo que allí hablamos y aprendimos.

El parto es una función fisiológica que no necesita de nuestra intervención para desarrollarse.
Sin embargo, existen algunos factores que pueden ayudarnos o jugar en nuestra contra en el desarrollo de un proceso de parto.

Por un lado, la hormona principal del parto, la oxitocina, es una hormona tímida y contraria a la adrenalina.
Lo cual ayuda a entender qué necesitamos para que el proceso de parto se inicie y se desarrolle.

Para segregarla necesitamos sentirnos seguras sin sentirnos observadas, esto es en intimidad.

También ayuda un ambiente femenino, cálido, penumbroso y que no sintamos miedo.

Otro factor fundamental en el proceso de parto, es la inhibición del neocortex, esta parte del cerebro gracias a la cual somos seres racionales y que nos permite pensar y hablar. Es necesario desconectar este cerebro pensante, para que se active la hipófisis, el hipotálamo, nuestro cerebro primitivo, responsable de la segregación de las hormonas que van a permitir que nos pongamos de parto.

La oxitocina es conocida como la hormona del amor, está presente en nuestras relaciones sexuales, cuando parimos y amamantamos.

Podemos establecer analogía entre lo que necesitamos cuando mantenemos una relación sexual y cuando estamos de parto, ya que las necesidades del entorno son similares y lo que interfiere también y nos cohíbe también.
De hecho cuando hacemos el amor, desconectamos, no pensamos, ni razonamos, ni hablamos coherentemente, no somos seres civilizados, no hay estatus.
Para poder abandonarnos a la relación sexual necesitamos desconectar el neocortex, igual que necesitamos desconectarlo para parir con nuestras hormonas.

Así la mujer de parto necesita ser protegida de cualquier estimulación del neocortex.
Las maneras de estimular el neocortex son muchas y variadas:

- el lenguaje: no debería hablarse a la mujer de parto, no hacerla pensar, dejar que sea ella la que exprese lo que desee y no juzgar sus comentarios.
Hacerle preguntas, hablar de minutos o centímetros activa nuestra razón. Si queremos decir algo, conviene utilizar el lenguaje que utilizamos para comunicarnos con los bebés o mejor guardar silencio, no es momento para hablar, es momento de sentir.
Aquí podemos establecer la analogía con el acto sexual, en el que es imposible mantener una conversación coherente con nuestra pareja mientras hacemos el amor sin salirnos de la historia.

- la luz también activa el neocortex, de hecho, por la noche, liberamos melatonina que reduce la actividad del neocortex y así poder relajarnos y dormir. De manera, que un ambiente muy iluminado no favorece esta desconexión.Cualquier animal busca un lugar tranquilo y penumbroso para parir, al igual que nos gusta un lugar oscuro para hacer el amor.

- Sentirnos observados: para liberar oxitocina necesitamos intimidad. Los mamíferos buscan un refugio apartado para parir, los amantes también para entregarse a la relación sexual.

- Sentir peligro o frío. La sensación de peligro o de frío libera adrenalina y esta hormona es contraria a la oxitocina. Debemos procurar que el ambiente de la mujer de parto esté caldeado.

Así la principal preocupación de la comadrona y de la persona que acompaña a una mujer de parto, debería ser el conocimiento de la fisiología del parto y mantenerse relajados, pues los nervios, la preocupación, segregan adrenalina y esto se contagia.
Debemos procurar que nadie en el entorno de la mujer de parto esté segregando adrenalina.


Entre el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta, la mujer alcanza el pico más elevado de oxitocina de toda su vida. Esto es necesario para que el útero se contraiga y se desprenda la placenta sin hemorragia.

Millones de mujeres en el mundo mueren por hemorragia posparto y seguimos interrumpiendo el momento sagrado que sigue al nacimiento del bebé, en el que lo mejor que podemos hacer es dejarlos juntos piel con piel, a solas.

Así permitimos que segregue este elevado pico de oxitociana, lo único que debemos hacer es evitar que la madre tenga frío (los temblores no son fisiológicos) ayudándonos de mantas y una estufa portátil y no distraer a la madre, ni siquiera con nuestra presencia o cortando el cordón.
Es el momento del encuentro, del primer contacto visual del bebé con la madre, de olerse, de tranquilizarse, de reponerse, es un momento sagrado, íntimo y precioso que merece un ratito de tranquilidad.

Este pico de oxitocina, además desarrolla el instinto maternal.
En los mamíferos, los estudios demuestran que si en este momento utilizamos drogas, apartamos a las crías de la madre, usamos anestesias, etc... la hembra no atiende a sus crías, las rechaza.


La oxitocina eficaz se libera de manera pulsátil y cuando el parto es vaginal hay más pulsaciones que cuando es por cesárea. Este número de pulsaciones está directamente relacionado con la duración de la lactancia.
Por esto podemos afirmar, que el tipo de parto influye en la lactancia.

La forma en que nacemos, la manera en que nos recibe el mundo y nuestras sensaciones se quedan gravados para siempre en nuestro cerebro, es la impronta e influye en el resto de nuestra vida, tanto a nivel de salud (el uso de ciertas medicinas durante el parto y la manera en que nacemos influye en las enfermedades futuras que tendremos) como a nivel emocional (nuestro caracter, nuestros miedos e inseguridades, ansiedades, etc).

Dice el Dr. Michel Odent que el nuevo gran descubrimiento del siglo XX es que el bebé necesita a su madre...me parece mentira que haya quien necesite que esto se demostrara con pruebas y estudios científicos para creerlo y empezar a respetarlo, cuando es algo de sentido común, tan natural como la vida y que todos los animales mamíferos lo saben sin que nadie nunca lo haya tenido que demostrar ni poner en duda.

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