jueves, 11 de marzo de 2010

GUERRA O PAZ, Todo empieza en el nacimiento.


Este es el resumen de otra de las charlas que más me gustaron del Congreso Interatlántico sobre Parto e Investigación en Salud Primal, fue impartido por:

Eva Gundberg, Obstetra e investigadora de la naturaleza humana
Laura Uplinger, Asociación Americana de Psicología y Salud Pre y Peri Natal


La humanidad, las relaciones entre unos y otros y con el mundo, refleja nuestra enorme dificultad para lograr vivir en equilibrio. 
No logramos armonía, no logramos entender que estamos juntos en esto, que todos influimos, que todo lo que hacemos o lo que hacen los demás, nos repercute a todos.

Como resultado de nuestra forma de vida, de esta guerra constante, encontramos una sociedad pasiva y violenta. 
Una sociedad que siente miedo, inseguridad y que “pasa”.
Una sociedad con la autoestima muy baja y que no se siente responsable, que piensa en no hacer nada porque total, al fin y al cabo, qué puedo hacer por cambiar el mundo.

¿Dónde ha quedado la ética, la conciencia? 
El resultado de nuestro camino es que sólo nos importa salvarnos a nosotros mismos. Yo y mi ego, la conciencia individual y nos volvemos agresivos, intolerantes, ni comprendemos ni nos compadecemos de los demás.

Margared Mead estudió durante los años 40 – 50, diferentes culturas indígenas constatando que aquellas en las que se respetaba la fisiología del parto y no separaban a las madres de sus bebés, encontraba una sociedad menos violenta, más amables y sociables. Sin embargo, los pueblos más guerreros, que son la mayoría, perturbaban el momento sagrado del nacimiento.

¿Cómo podemos prevenir la violencia?
Desde luego todo empieza por una sociedad con una alta autoestima. Sin miedos, que respete a todos los ciudadanos y a la tierra y que viva concienciada en proteger a la mujer embarazada, porque todo lo que ésta vive, también lo vive el ser que alberga y este ser, es cada uno de nosotros, es el mundo entero.
La sociedad va a recibir a un nuevo individuo que vivirá entre nosotros y a todos nos afectará la manera de ser y vivir de éste. Puede ser un Hitler, puede ser un Gandhi.

No nacemos como una tabla rasa que empieza a escribirse desde nuestro nacimiento, hoy en día, sabemos que nuestra conciencia, que nuestro subconsciente, vienen cargado de información y sensaciones que hemos vivido in útero y que influyen en nosotros y nuestras decisiones de por vida, y también en nuestra relación con el mundo.
Cuanto antes influenciamos el ambiente de un niñ@, haciéndolo más amable, más tranquilo y pacífico, mejores resultados obtenemos en él como ser sociable y respetuoso.


Los bebés no tienen medio alguno de defenderse o protegerse de las sensaciones que vive su madre, está dentro de ella y vive y percibe el mundo que está fuera, a través de ella.

¿Qué puede quedar grabado en la consciencia de un individuo concebido de una manera violenta?El inicio de la violencia social empieza con embarazos no deseados o mal enfocados, como por ejemplo, quedarse embarazada sólo porque has llegado a cierta edad, para amarrar a la pareja, para solucionar conflictos, para que te cuiden, para no estar sola...

¿qué sentimientos y sensaciones recibe un bebé que se gesta en un embarazo que se vive con angustia, en medio de peleas, maltrato, crisis personales o de pareja...?

Si deseamos cambiar la sociedad, cambiar el mundo, debemos empezar por nosotros mismos, por cada madre antes de concebir a un nuevo ser y preguntarnos :


  • ¿Por qué deseo tener un hijo?

  • ¿Es mi pareja un buen compañero para esta aventura, desea ser padre?

  • ¿Es estable mi relación? Si es que dependemos de ello para estar bien claro, pues recordemos que hay mujeres que desean ser madres sin tener pareja.

  • ¿Es un buen momento? No es una situación de demasiado trabajo ? no estoy en situación precaria? estoy sana? no estoy atravesando ninguna crisis personal, ni de pareja? etc.

  • ¿Estoy dispuesta a ser mamá PARA TODA LA VIDA?

Si antes de la concepción, cuando sentimos la llamada de la maternidad, nos hacemos estas preguntas y nos respondemos con sinceridad de manera favorable, podemos empezar la preparación.

No esperemos a estar embarazadas para empezar a cambiar hábitos, energías, costumbres...nuestro cuerpo va a albergar a un ser y nuestra salud influirá enormemente en la suya.Somos responsables desde antes de concebirlo.

Revisemos nuestra dieta, eliminemos los vicios y sus motivos (ansiedad, estrés, no enfrentar problemas), trabajémonos como personas para mejorar, si hemos vivido pérdidas anteriores debemos sanarnos para no reproducir, ni cargar a esta nueva personita con algo que no le corresponde, trabajemos la confianza en nuestra naturaleza, en nuestras capacidades para parir y amamantar, cuidemos la pareja, saneemos nuestras relaciones con nuestros padres y vivamos visualizando un embarazo sano, feliz, un bebé alegre que viene y espera ser recibido por nosotros, que espera recibir todo nuestro amor.

Si nos sentamos a reflexionar y analizamos detrás de nuestros miedos, nuestras maneras de ser y actuar en la vida y llegamos a cómo hemos sido concebidos, gestados, paridos y criados, comprenderemos muchas cosas y ese es el inicio para poder entender, aceptar y no culpar.

El trabajo por humanizar el parto va mucho más allá del parto en sí, llega a humanizar al mundo entero, a toda la sociedad.

Cuando una mujer está embarazada, la familia está embaraza, la sociedad está embarazada, el mundo está embarazado y debemos ser guardianes de su bienestar, de apoyarla, de animarla, de que sea un periodo feliz, creativo, mágico y ese bebé llegue este mundo a traer alegría y paz.

Por otro lado, las mujeres, sabiendo las consecuencia negativas para ellas, el bebé y la sociedad, de una mala experiencia de embarazo y/o parto, se sienten aún más hundidas y se culpabilizan, añadiendo más  presión a su situación.
Con los bebés, ante cada mala situación, ante cada situación adversa, debemos ser honestas y hablar desde el corazón: Contarle, explicarle, mirarle, sentirle, ESTAR...
Podemos aprender mucho de una mala experiencia y podemos enseñarle que, a veces, la vida trae complicaciones, pero que hay que enfrentarlas, no taparlas, no mirar hacia otro lado, no “pasar” y eso será también un gran aprendizaje para esa nueva vida y para una nueva humanidad.


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