lunes, 1 de marzo de 2010

LA OXITOCINA Y EL FUTURO DE LA HUMANIDAD

Acerca del CONGRESO INTERATLÁNTICO SOBRE PARTO E INVESTIGACION EN SALUD PRIMAL 26-28 Febrero 2010 Las Palmas de Gran Canaria

No puedo más que sentirme feliz y emocionada después de que haber tenido la suerte de poder escuchar todo lo que se ha hablado en este Congreso.

Quisiera poder dar la gracias uno por uno a todos los que han creído que era posible llevarlo a cabo, los que lo han hecho realidad y a todos los asistentes, por querer y estar en este cambio que se avecina y del que tenemos la suerte de ser testigos y partícipes.

Se han hablado temas evidentes para muchos, que desde el instinto, desde la sencillez y el corazón, sentimos sin necesidad de evidencia científica.
Como que la manera en la que nacemos, sin duda marca de manera trascendental el futuro de nuestras vidas, de lo que somos, de lo que sentimos.
Que no es lo mismo vivir en la barriguita de una mamá feliz y relajada, que en el de una mamá triste y nerviosa, que no es lo mismo que te reciba el pecho y los brazos de una madre plena y amorosa en un ambiente cálido y tranquilo, a que sea un ambiente frío y hostil y te encuentres de repente, alejado de tu madre.

Lo novedoso es que un elevado número de expertos de todo el mundo han logrado demostrarlo a nivel científico, con numerosos estudios, pruebas, investigaciones y análisis y así, traducirse al lenguaje de los profesionales, muchos de los cuales pensaban que esto eran ideas de unas pocas madres fundamentalistas.

Ahora lo que nos queda a los que allí estuvimos, nada menos que unos 1200 asistentes de 45 países diferentes, es tratar de crear una onda expansiva y que la información llegue también a los oídos y al corazón de los que no pudieron estar.

Así, como explicó Anthony Costello, que trabaja para difundir mejores prácticas que ayuden a salvar la vida de mujeres y niños en los países más pobres del mundo, a través de redes de mujeres que se van contando de unas a otras lo que aprenden y que vimos demostrado, en sus detallados gráficos, que era una forma efectiva y con muy buenos resultados de que la información abarque en poco tiempo a muchas personas.

La cuestión es que este Congreso no se queda sólo en explicar que entre todos, debemos cambiar la manera de atender los embarazos, partos y nacimientos sino que, como explicó el Dr. Michel Odent, quizá sea la única manera de salvar a la humanidad.

Tengo pendiente resumir lo que aprendí y viví en las ponencias y talleres que más hondo me han calado y quisiera empezar por dos de las ponencias más aplaudidas: la de la Dra. Kerstin Uvnäs- Moberg y una de las del Dr. Michel Odent.

La Dra. Kerstin ha estudiado durante toda su vida la hormona de la Oxitocina y para los que no lo saben, resumiré brevemente lo que es y lo que hace.

La Oxitocina, es una hormona conocida como la hormona del amor y que está presente cuando tenemos relaciones sexuales y también durante el parto, provocando las contracciones del útero.
Inmediatamente después del parto, tenemos los mayores picos de Oxitocina que segregamos en nuestra vida y esto, en la mayoría de los mamíferos, sirve para desarrollar en las hembras el instinto maternal hacia sus crías.
Esta hormona también está presente cuando amamantamos y cuando estamos relajadas, somos acariciadas y nos sentimos bien.

Además es una hormona tímida y para que nuestro cerebro la segregue, tenemos que sentirnos seguras sin sentirnos observadas, en un ambiente tranquilo, íntimo y cálido y con una compañía discreta y experimentada.

Pues bien, esta Dra. demostró con numerosos estudios, que los efectos de la oxitocina  se cronifican cuando estamos expuestos a ella durante un tiempo prolongado.
La oxitocina nos hace sentirnos relajadas, desarrolla comportamientos y conductas menos agresivas, más amistosas y sociables en los individuos y a nivel físico, disminuye el ritmo cardiaco y regula la tensión entre otras cosas.

Si el bebé es colocado piel con piel con su madre inmediatamente después de su nacimiento, que lo recibe feliz y amorosamente, en un ambiente íntimo y tranquilo, ayudamos a la producción de está hormona.
Esto por un lado, hace que el útero se contraiga y salga la placenta con menos pérdida de sangre y recordemos que en muchos países, la hemorragia posparto, es el principal motivo de mortalidad materna.
Por otro lado, el bebé también se beneficia ya que se disminuye el cortisol (ansiedad, estrés), se estabiliza su pulso, respiración y la temperatura.

Los estudios que presentó, por supuesto, muy científicamente realizados, con estudios randomizados controlados etc, confirman que el contacto piel con piel durante la primera tras el nacimiento, favorece un mejor vínculo entre la madre y el bebé.

Así, las madres que habían podido estar durante esta primera hora piel con piel con sus bebés, estaban más tranquilas y relajadas incluso meses después del parto y parecían lograr un mejor entendimiento con el bebé, sabiendo cómo calmarlos y comprenderlos. Además esos bebés a la larga, ofrecían mejores habilidades sociales, control del estrés, calma y serenidad.

Si parimos con nuestras hormonas, es decir, sin el uso de oxitócicos sintéticos y amamantamos a nuestros bebés, estando expuestos a esta segregación continuada de oxitocina durante un tiempo prolongado y sabiendo que estos efectos se cronifican, hemos de saber que a lo largo de nuestras vidas, tendremos muchos menos riesgos de sufrir estrés, ansiedad, ictus, infartos, hipertensión, etc...

Sin embargo, como dice el Dr. Odent desde siempre, por uno u otro motivo, en casi todas las culturas y pueblos, ha habido alguna excusa para interrumpir este momento maravilloso que sigue al nacimiento, interfiriendo en este pico de oxitocina que producimos en el posparto y que se ve favorecido por el contacto piel con piel.
Ritos, creencias o prácticas médicas, han separado rápidamente al bebé de su madre al nacer, a veces, incluso durante días.

Michel Odent reflexiona sobre este hecho tratando de buscarle una explicación, que quizá podría ser que el hombre para su supervivencia, como depredador, ha tratado de desarrollar en los suyos comportamientos agresivos, de fuerza, valentía y dureza para la guerra y la lucha, porque la supervivencia ha dependido del poder de unos sobre otros, de la conquista de unos pueblos sobre otros, del ataque como defensa… y ya sabemos que la Oxitocina, es la hormona del amor.

Sin embargo hoy en día, la realidad es que la única manera que tenemos los hombres y mujeres de sobrevivir y tener un futuro como humanidad, va por otro camino.

Hoy en día, sólo la lucha de todos y todas unidos por un mismo fin, es lo que puede salvarnos. Porque lo hemos depredado todo, hemos abusado de todo el planeta, en todas sus formas; bosques, mares, animales, agricultura, clima, niños, ancianos y sólo el esfuerzo conjunto por frenar este destrozo; cambio climático, escasez de agua y recursos, la manera en que concebimos, parimos, criamos y morimos, y el cambio de Homus Depredador en Homus Ecológicus, puede salvarnos.

La Dra. Kerstin demostró que cuando esta oxitocina natural, es sustituida por la sintética, el cuerpo reduce muchísimo su producción e interfiere en el sistema de liberación de la misma. Además la sintética, no tiene los mismos efectos colaterales: reducción del estrés, cambios en la conducta hacia comportamientos más sociables o protección frente a ciertas enfermedades, pues no se cronifica.

El Dr. Odent añadió que la exposición por parte de la madre, durante horas y horas a la Oxitocina sintética, hace que una gran parte, pase a la placenta y al bebé y no existe ningún estudio del efecto que produce y por tanto de que no tenga repercusiones. Lo que sí se ha podido demostrar es que por un lado, individuos con enfermedades como el autismo o la anorexia nerviosa, también presentan un sistema de liberación de oxitocina trastornado y por otro, que interfiere en los niveles de sociabilidad, agresión, capacidad de amar a los otros y a sí mismo, de las personas.

Hoy en día es muy difícil encontrar a una mujer a quien no le hayan administrado Oxitocina sintética, ya sea para provocarle el parto, acelerarlo o después de éste, para “ayudar” a expulsar la placenta.
Y qué sociedad futura podemos esperar si generación tras generación, nacemos y vivimos sin necesidad de producir oxitocina, hormona del amor...

Debemos empezar a pensar que si nuestro futuro depende de una sociedad más tranquila, respetuosa y amable y sabiendo, que son valores que se determinan en gran parte en cómo somos gestados, paridos y criados, debemos empezar pronto a cambiar nuestros actos, por el bien de cada madre, de cada nueva promesa de vida y por el bien del futuro de toda la humanidad.


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