martes, 21 de septiembre de 2010

¿Por qué decidí parir en casa?

    Antes de tener a mis hijos, nunca imaginé que un día elegiría esta opción, la idea de estar embarazada siempre me cautivó, siempre supe que deseaba ser madre, sentir crecer una criatura en mi interior, amarla y darle lo mejor de mi, pero el parto, me daba mucho miedo.

   Miedo al dolor, miedo a lo desconocido, miedo a no poder soportarlo, miedo a ser yo la protagonista de la imagen tan horrible que vemos cuando muestran a una mujer pariendo, en las películas me refiero, porque hoy en día, casi nadie ha visto parir a otra mujer.
Gritos, gente que corre, sangre, batas blancas, mascarillas, posturas incómodas, nervios y descontrol donde la única que parece no saber qué tiene que hacer es la mujer, que puja al son de alguien que lo controla todo, alguien que la salva, alguien sin el cual, ella no podría.

   Así ha perdido el acto de parir toda la naturalidad y nosotras, toda confianza en nuestros cuerpos y la sabiduría ancestral de la que estamos dotadas y ya no sabemos escuchar.

   Para mi primer parto, busqué mucha información, leí y traté de encontrar en mi la seguridad, sabía que un parto natural era la opción más sana para mi y mi bebé...¿por qué no voy a poder, si todas las mujeres han parido durante siglos?

Ese día, a pesar de estar informada, de ser una mujer sana, joven, con un embarazo a término, de bajo riesgo y un bebé perfecto, me consideraron como a una niña pequeña, robándome el derecho a esperar el nacimiento de mi bebé, sin darme opciones y jugaron con el miedo que todo lo puede.

Miedo...el mío y el de los otros, que ha convertido el momento del parto en una situación peligrosa que hay que manipular y dirigir, sin aceptar, hasta hace muy poco, que al intervenir, cuando no es necesario, es cuando realmente ponemos en riesgo a esa madre y a ese bebé.

Mi parto fue provocado por tener el estreptococo positivo y una fisura en la bolsa, y miedo a que el bebé se infectara.
La oxitocina sintética también es peligrosa, hay úteros y bebés que no aguantan el ritmo de esas contracciones, pero nadie te cuenta sobre ese riesgo.
El dolor de un parto provocado es enorme, muchas horas, mucha intensidad, eso yo, que lo puedo contar, supongo que mi bebé tampoco lo pasó nada bien.

Ese dolor me llevó a la epidural, que también tiene riesgos, aunque nadie los habla y finalmente el expulsivo que acabó en fórceps por tiempo prolongado.
Llevaba 45 minutos pujando, sin sentir nada, empujando en posición de litotomía al son de los monitores  y a pesar de que el bebé estaba bien, no me dejaron seguir...una vez más, por miedo.
La ginecóloga y cinco personas más irrumpieron en el paritorio, me llamaron irresponsable por querer seguir pujando, me preguntó si quería un hijo deficiente como los que vemos pasear por Las Canteras los domingos, me asusté, no lo podía creer, qué pesadilla...y yo que quería respeto, intimidad...

Hoy en día, no hay límite para el expulsivo (que palabra tan fea), siempre que el bebé esté bien, pero se ve que hace dos años tenían más miedo que hoy. 

Eso me llevó a una episiotomía y un desgarro de segundo grado que me impidió caminar bien, sentarme, ir al baño...durante varias semanas.

Cuando me quedé embarazada por segunda vez, sabía que deseaba velar por encima de todo, por mi tranquilidad ese día. Por ser respetada, por no sentir miedo, ni mío, ni ajeno.
Que no se interviniera sin necesidad, si no surgían complicaciones, por estar bien acompañada en ese momento, por profesionales en quien confiara y así, elegí a mis matronas tranquilas y respetuosas.

Mi corazón deseaba recibir a mi bebé de una manera suave, darle una llegada a este mundo lo menos perturbada posible y mi pareja me apoyaba deseando lo mismo que yo y no teniendo miedo.

Si mi cuerpo sabe engendrar y gestar un bebé sano, también lo sabrá parir. El mío y el de la mayoría de mujeres que son intervenidas sin necesidad, por miedo...yo no me creo que tantas mujeres sean incapaces de parir sin ser “salvadas”, ¿cómo ha llegado hasta aquí la humanidad entonces?
Hoy en día, cuando una mujer decide dar a luz en su casa, lo hace informada y consciente, tratando de encontrar un entorno seguro, tranquilo e íntimo. Porque para que un parto no se bloquee, para que todo fluya, necesitamos estar tranquilas, sentirnos seguras. Una subida de adrenalina frena el parto, como en cualquier mamífero, es una manera de proteger a nuestras crías y yo, donde me siento más segura, es en mi casa.

No quería tener que entrar sola al hospital, que mi pareja esperara fuera durante horas como la primera vez, que me explorasen, que alguien me mirara mal por estar informada y conocer mis derechos. No quería que aceleraran, ni bloquearan el proceso, que me hicieran hablar, que me tumbaran o me monitorizaran, ni siquiera quería tener que negarme a nada, firmar papeles, ni que me llamaran inconsciente o irresponsable, no quería no saber quién iba a estar conmigo ese día... todo esto sí me daba miedo.


Unos días después de escribir este relato, encontré un magnífico artículo de Ileana sobre el miedo, les dejo el enlace porque es fantástico.

También, para quien no lo haya leído, les enlazo otra entrada de este blog..."La oxitocina y el futuro de la humanidad"