martes, 30 de agosto de 2011

Respiración y vocalización en el parto


La respiración que nos han enseñado.

La respiración que se ha enseñado a las embarazadas durante las últimas décadas para que pusiera en práctica en el parto es la que hemos visto muchas veces en las películas: durante la dilatación la mujer respirando rápida y profundamente, y a la hora de empujar aguantando el aire. Sin embargo, este tipo de respiración no sólo no ayuda en el proceso del parto, sino que puede ser perjudicial por varios motivos. Primero porque el estar tan consciente de respirar como le han enseñado no permite a la mujer dejarse llevar y abandonarse relajada a las contracciones, única manera de hacerlas más llevaderas, y además se sufre el riesgo de hiperventilar en la dilatación o empujar demasiado en el expulsivo, sufriendo daños en el periné.

La hiperventilación produce un exceso de dióxido de carbono en la sangre a la vez que, paradójicamente, parece que no entrara aire suficiente, lo que tiende a agravar la hiperventilación y empeorar el problema. Se pueden corregir los efectos de la hiperventilación dejando de respirar durante unos segundos o inspirando de una bolsa de papel. La contención de la respiración produce una falta de oxígeno que afecta tanto a la madre como al bebé.

La respiración está profundamente ligada al estado hormonal y anímico. La respiración entrecortada en situaciones normales es la que involuntariamente realizamos cuando estamos asustados, y también el contener el aliento (apnea) es indicativo de miedo, por lo que mantener esta respiración durante la dilatación es difícilmente compatible con el estado de relajación necesario para que el cuello del útero se abra.  Si una mujer está estresada durante el parto por cualquier motivo es fácil que respire de esta manera e hiperventile, una forma de calmarse y hacer que todo vuelva a fluir es intentar que la respiración vuelva a hacerse calmada y profunda.


Como dice Sheila Kitzinger:

“La respiración se enseña frecuentemente en clases prenatales como unos ejercicios que a veces son rígidos y mecánicos. Es posible que cuando una mujer da a luz en ambiente ajeno, en un hospital donde no está segura de lo que va a ocurrir o lo que le permitirán hacer, tales téctnicas sean útiles para distraerla del dolor y de un ambiente que ella percibe como amenazador. Los ejercicios la mantienen concentrada para ayudarse a sí misma. He visto mujeres con los ojos fijos en una grieta del techo, respirando desesperadamente, como si se agarraran a un ancla para no ahogarse, mentalmente separadas del entorno, incapaces de oír lo que les dicen, sin contacto con la ayuda que se les ofrece. Cuando la respiración se usa así es una barrera frente al entorno.
No tendrás que hacer ejercicios de respiración si tienes a tu hijo en casa o en un ambiente fuera del hospital, donde tus asistentes sean amigos y no haya necesidad de temer intrusiones.”

Cómo debo respirar

La dilatación. Básicamente en el parto hay que intentar estar relajada y dejarse llevar, de modo que la respiración fluya por sí sola. En este contexto ideal las respiraciones de la dilatación serán largas y profundas al principio y al final de las contracciones y tal vez durante la misma contracción.
Es importante intentar mantener los hombros y la mandíbula relajadas para que esto suceda. Un buen ejercicio durante el embarazo es practicar con quien nos vaya a acompañar en el parto la relajación mediante el tacto en estas zonas: tensar la zona y cuando el acompañante apoye su mano, relajarla. De esa manera, durante el parto no hará falta que nos hablen ni distraigan y nos podrán ayudar a relajarnos de modo que la respiración sea más fácil.

Hay mujeres que encuentran que respirar superficial y rápidamente puede ayudarles en el pico de la contracción o cuando las contracciones vienen muy seguidas. Hay que estar atenta de, si este es nuestro caso, mantener la respiración ligera para no hiperventilar.


Según Sheila Kitzinger:

“Cuando las contracciones son más fuertes es imposible mover la pared abdominal o sentir otra cosas en la pelvis que no sea la potencia de aquéllas. Tensar las fibras musculares longitudinales produce un levantamiento de la pared abdominal, porque la contracción provoca que la parte superior del útero, el fondo, se incline hacia delante, de modo que hay una gran hinchazón que también presiona el diafragma. Desde el diafragma hacia abajo sientes que sólo eres una enorme contracción. Deja que tu respiración “baile” sobre todo esto y respira con la boca abierta y la punta de la lengua apoyada en los dientes inferiores. Bebe agua a sorbos o chupa hielo en los periodos entre contracciones, para que no se te seque la boca. Procura no resoplar ni jadear: la respiración debería ser tan leve como un susurro. Entonces, cuando la contracción llegue al punto culminante y empiece a desvanecerse, puedes volver a respirar lenta y profundamente otra vez. Es importante no olvidarse de hacerlo. Tú y el feto agradeceréis el oxígeno extra cuando termina cada contracción. Además, la respiración lenta te ayudará a relajarte por completo en la calma entre las grandes oleadas de contracciones, y así recobrar fuerzas para la siguiente”.

El expulsivo. Una vez llegada a la máxima dilatación se sienten ganas de empujar y comienza el llamado “reflejo de eyección fetal”, en el que el cuerpo empuja por sí solo al bebé, es la fase del expulsivo. A menudo se da una contención involuntaria de la respiración, aunque es positivo seguir respirando mientras la madre sea capaz de ello. La apnea fuerza el avance del bebé por el canal del parto, poniendo demasiada presión en el suelo pélvico que puede sufrir daños por esta causa. En este momento es más importante que nunca intentar relajar hombros y mandíbula y dejarse abrir sin prisa para dejar paso al bebé.

Cuando la cabeza del bebé llga al perineo se siente el llamado “aro de fuego” y en ese momento es importante no empujar, y mucho menos en apnea, para no dañar el periné. El bebé y el útero trabajan juntos sin que la madre tenga que empujar. Una respiración relajada de suspiros largos  en este momento ayuda al periné a relajarse y estirarse para que la cabeza del bebé pueda salir sin que se produzcan desgarros.

La ley del esfínter

Ina May Gaskin, en su “ley del esfínter” hace varias  puntualizaciones sobre los esfínteres, incluyendo el cervical y vaginal,  responsables de permitir la salida del bebé. Entre ellas que los esfínteres (anal, cervical, vaginal) no se pueden abrir a voluntad sino proporcionar la atmósfera adecuada para que se abran con intimidad y privacidad, que los esfínteres no responden bien a órdenes como empuja o relaja o que se pueden cerrar en el momento del proceso en que la persona sienta miedo, humillación  o consciencia de sí misma. Por ello, para parir se deben dar las mismas condiciones que para defecar o hacer el amor: tranquilidad e intimidad.

En el tema que nos ocupa, la ley del esfínter dice que la relajación de la boca y la mandíbula está directamente relacionada con la capacidad del cuello del útero y de la vagina de abrirse a su máxima capacidad. Es por ello que durante la dilatación y el expulsivo es necesario mantener la mandíbula relajada y garantizar el flujo de aire por la garganta para que el cérvix se abra, para ello una buena herramienta es el canto o la vocalización.

La vocalización y el canto durante el parto.

Durante la dilatación las técnicas de vocalización y/o canto pueden ayudar de varias maneras a la madre. Por una parte ayuda a mantener la boca y mandíbula relajadas, lo que ayuda, como hemos visto, a permitir que se abra el cérvix. Además, los tonos vibratorios que se emiten facilitan que la madre “desconecte” el neocortex, conectando con el cerebro primitivo, responsable de la secrección de endorfinas y oxitocina, provocando una sensación de bienestar y beneficiando la dilatación. Estos tonos guturales acercan a la madre a un estado de meditación y auto-hipnosis que hace mucho más llevadero el dolor de las contracciones y le permite distanciarse del resto del mundo.

Frederic Leboyer en su libro “Por un nacimiento sin violencia” habla del canto carnático indio, consistente en vocalizaciones en tonos muy bajos acompañadas de respiración abdominal lenta y profunda. En una entrevista asegura:

“Esta conexión del sonido puro con el parto está abriendo las puertas a muchas mujeres de una experiencia totalmente desconocida”. Algunas mujeres me dicen que es fantástico escuchar música en al parto, como Vivaldi u otros. Pero escuchar el sonido puro es diferente, un sonido perfecto incluye todas sus armonías, todos sus sonidos juntos, igual que el arcoiris incluye todos sus colores. Con el sonido puro se puede tocar la absoluta perfección. Se necesita dejar que el sonido se abra y despierte dentro de tí. Si la mujer puede conectar a este nivel con ella misma, la experiencia del parto toma otra dimensión.”

Aquí teneís un precioso vídeo de un parto donde la madre canta durante el proceso.

Y vocalización pica aquí

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