lunes, 30 de enero de 2012

El derecho a un buen parir

Por Claudia Pariente / Texto original en su blog personal.


Existen dos maneras de atender un parto: Bien y mal. 
Bien, es aquel parto atendido según la evidencia científica, asegurándonos de que la mamá y el bebé no sean puestos en riesgo de forma innecesaria. Respetando el ritmo normal de cada madre, el proceso fisiológico del parto y del nacimiento.

Atender bien un parto es hacer uso de las intervenciones y la tecnología, sólo en aquellos casos en los que es realmente necesario. Es tener claro que estos casos -los que necesitan intervención- son muy pocos y no la mayoría.

Atender bien un parto es acompañar a la mamá, su pareja y el bebé que va a nacer en uno de los momentos más importantes de su historia como familia.

Atender bien un parto es hacer caso de las recomendaciones internacionales y nacionales. Recomendaciones que son hechas y recogidas por expertos en la materia y no por cuatro señoras que se aburrían.

Cuando se atiende bien un parto la “opinología” no tiene cabida. Sólo hay espacio para la medicina basada en la evidencia y la vocación de servicio.

Atender mal un parto es jugarse la carrera. Es saltarse las normas y las recomendaciones de los expertos por irse temprano a casa. Es arriesgar la salud de la madre y del bebé que se atiende con cada intervención que se realiza por desconocimiento, comodidad o simple soberbia.  Atender mal un parto es olvidar el juramento, asistir sin vocación al milagro de la vida. Seguir protocolos desfasados y dejar claro quién “es la autoridad”. Dejar todo a la suerte.

Atender mal un parto es olvidar a las mujeres de nuestras propias familias y ver en la que atendemos “un caso”. Aplicar sistemáticamente lo aprendido hace treinta años: cortar, empujar, dirigir, extraer, coser… sin plantearnos jamás si lo que se hace está o no bien hecho. Utilizar máquinas, maniobras e instrumentos cuando no hay necesidad; no informar o informar poco y mal y pretender que la madre tome decisiones bajo presión, miedo o sólo conociendo “parte de la verdad”.

Atender mal un parto es desconocer que existen guías y documentos con la evidencia recogida y seguir interviniendo sin necesidad.

El derecho a un buen parir es un derecho de todas las mujeres. No es una moda de madres ecológicas, no es un derecho de madres “conscientes e informadas”, no es un lujo de madres ricas, no es una idea de fundamentalistas.

También las madres pobres, las que jamás se preguntaron nada ni se cuestionaron nada sobre el parto, las desinformadas, aquellas a las que el medio ambiente les da igual, las ateas y las creyentes… todas tienen derecho a un buen parir.
Independientemente del estatus o de las creencias de la madre, debería ser bien atendida. Porque parir bien no tiene que ver con el dónde se pare, con si pedir o no la epidural o con poner o no música en el parto. Sí que tiene que ver con la clase de atención recibida… y no me refiero a un parto “educado” (que es lo mínimo que se debería ofrecer) sino con una atención rigurosa, que garantice la máxima seguridad y bienestar de la madre y su bebé.  Que se deje de jugar a la ruleta rusa.

Atender bien un parto debería ser una regla y no la excepción. Y ser bien atendidas, debería ser un derecho universal y no una anécdota o tema de conversación de periodistillas mal informados.

Dejemos de hablar de partos ecológicos, de encasillar a las madres que buscan partos normales y de empezar a llamar a las cosas por su nombre.
¿Ud. que desea: Parir bien o parir mal?
 
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