lunes, 30 de enero de 2012

La ley del esfínter o cómo arruinar un buen parto


desde Una Maternidad diferente

La jornada de actualización en lactancia materna que impartió Diane Wiessinger en Madrid se asemeja a un buen vino, porque cuando más la paladeo y me paro a reflexionar sobre ella, más matices y enseñanzas encuentro incluso en los comentarios más casuales.

Su primera charla se titulaba “¿Qué harían los mamíferos?” y era un repaso a algunas prácticas obstétricas y hospitalarias que se practican rutinariamente con las humanas, pero que a nadie se le ocurriría practicar con un animal porque se arruinaría el parto o, incluso, la madre podría rechazar a su cría.

Un buen ejemplo de su teoría son los famosos “tactos” por los que casi toda parturienta pasa al menos una o dos veces, como si fuera lo más normal del mundo, pero ¿os imaginais a un veterinario haciendo un tacto a una gata de parto? ¿Creéis que la gata se dejaría? ¿Pensáis que podría continuar con su proceso como si tal cosa?

La ley del esfínter
Wiessinger habló de la Ley de Esfínter, postulada por la famosa matrona defensora del parto en casa Ina May Gaskin. Lo que viene a decir esta ley es que el cuello del útero (cérvix) funciona como un esfínter y, como el resto de esfínteres del cuerpo humano, no reacciona bien ante las órdenes, presiones o el miedo.

El mejor ejemplo de esta ley es cuando una persona intenta orinar o defecar en una situación de falta de intimidad (baño público o con alguien delante) o de presión. Normalmente, ante este tipo de estímulos los esfínteres se cierran (¿respuesta fisiológica evolutiva que favorece el instinto de huida por encima de otras necesidades?), por lo que resulta extremadamente complicado.

De igual manera sucede con el parto, más aún si cabe cuando la situación de la madre es extremadamente expuesta desde un punto de vista biológica y tremendamente falta de intimidad si tenemos en cuenta las rutinas hospitalarias actuales. En situaciones de miedo, exposición, vergüenza o presión el cérvix responde cerrándose… Lo cual explica por qué partos perfectamente normales se “paran” cuando la futura madre llega al hospital.

El humor como vía de escape
Los años de experiencia de Ina May Gaskin en este tipo de situaciones la han llevado a argumentar que una de las mejores soluciones para este tipo de situaciones es el recurso al humor.

Una broma, un chiste o cualquier otro intento similar para crear un ambiente distendido buscando la risa o la sonrisa tienen dos efectos principales:
  • Fomentan la secreción de endorfinas que pueden neutralizar a la adrenalina que ha causado que el parto se pare.
  • La risa relaja la boca y la mandíbula, fomentando así la relajación del cérvix y del útero.

Este último efecto, el de la relajación de la boca y la mandíbula, se puede lograr también de otras maneras, como, por ejemplo emitiendo gruñidos graves o bufando como un caballo (dejando que vibren los labios). Un apasionado beso con la pareja también contribuye a mantener la mandíbula relajada. Aunque si el parto se produce en un ámbito hospitalario, prácticamente la mejor solución es pedir al equipo médico un poco de intimidad.

La ley del esfínter formulada
- Los esfínteres no reaccionan bien ante las órdenes.
- Los esfínteres funcionan de manera óptima en un ambiente íntimo.
- Los esfínteres se pueden cerrar bruscamente con las agresiones a la intimidad o la confianza.
- Los esfínteres se abren de una manera más efectiva cuando la boca y la mandíbula están abiertas y relajadas.

Y siguiendo con la comparación entre el parto y otros actos fisiológicos propios del cuerpo humano, en otro momento de su exposición Diane Wiessinger comentó las ventajas del parto en casa con otra curiosa analogía: muchas veces nos vamos de viaje y lo pasamos genial, pero nuestro cuerpo espera a llegar a casa para vaciar los intestinos… El cuerpo es sabio y reconoce perfectamente cuando se encuentra en un entorno de paz, tranquilidad y confianza. Y si esto es aplicable a un acto tan poco significativo como cagar, con cuánta más razón se le debería prestar atención cuando se trata de parir.

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