viernes, 25 de enero de 2013

De cuando Urma se dio a Luz.


El día en que la pequeña Urma cumplía un año...Sonia, su bella mamá, me regalaba el precioso relato de su parto soñado y que tuve la suerte de acompañar.

El parto de una mujer empoderada, una mujer que supo esperar a que su bebé estuviera preparada. Un regalo, una prueba que terminó de desplegar sus alas y Sonia también re-nació.

Gracias por dejarme disfrutarlo con ustedes querida Sonia..
para siempre en mi memoria y mi corazón.  
Foto David Bejar


16 de enero de 2013

Hoy hace un año que andaba por los pasillos de mi casa apoyando a Urma para que se diera a luz.

Mientras, mi amiga Lola estaba con mi hijo Samu, de cinco añitos; mi compañero Jacob trabajando en su estudio: presente y silencioso, como siempre y Carol, mi querida doula, atenta a las señales de Urma y mi cuerpito, nos acompañó con mucho amor y humor.

 
Foto David Bejar

Todo comenzó el sábado por la noche cuando empezó a salir un líquido, claro y limpio...Tenía una pequeña fisura que hacía que a cada rato me sintiera mojada, pero muy poco. Llamé a Carol para que estuviera atenta y quedé en avisar cuando empezaran mis contracciones...quería esperar a que empezara el parto.

Pasó la noche del sábado y pasó todo el domingo con contracciones esporádicas, poco intensas y espaciadas. Al caer la noche del domingo, comencé a sentir contracciones más y más intensas.

A las cuatro de la mañana, pensé en partir hacia el Materno. 
Ya habían pasado muchas horas, estaba tranquila porque sentía a Urma moverse y el líquido seguía siendo claro... pero tantas horas... Jacob, me animó a esperar a que llegara el día y confiar en la vida, en la naturaleza. 
 
Y así fue, decidimos esperar a la mañana, mandé un mensajito a Carol, vino a las 8,30h, desayunamos y fue sobre las diez cuando nos fuimos.

En el camino decidí omitir el hecho de llevar ya más de 36horas con una fisura en la bolsa, pues eso significaría por protocolo, que me inducirían el parto.

 Así empezó mi primer parto y no deseaba eso otra vez, esa vez me había preparado, esta vez estaba mejor acompañada y confíaba en mi y en Urma.

Desde que llegué al hospital, las contracciones que tenía, desaparecieron. Ya me sabía todo el funcionamiento de la oxitocina-adrenalina y eso ayudó a que entendiera el porqué...Comprobaron que efectivamente tenía la bolsa rota, que mi bebé estaba bien y que no tenía dilatación alguna. 

Me dijeron que tenía tres opciones: 
 
1ª . Te ingresamos y subes a planta a dilatar (como si yo pudiera decidir cuándo dilatar). El protocolo te da 24h antes de inducir...yo ya llevaba mas de 36h, pero era nuestro pequeño secreto.

2ª . Te provocamos el parto.

3ª. Te vas a casa y tienes 24 horas para ponerte de parto ;-)



El rato que pasé en monitores, pude estar acompañada por mi compañero Jacob y por mi Carol, mi doula. 
 
Escuchamos llegar a una mujer con contracciones intensas, cada vez más fuertes, gemía, lloraba y estaba asustada... y la cara de su compañero era un poema...me dió pena que no tuviera una compañía como la mía, que no se hubieran preparado para este día, se les sentía perdidos... así como en mi primer parto también estaba yo asustada y ahora era todo tan diferente, sin embargo yo envidiaba su dinámica, porqué después de 36 horas mi cuerpo no tenía contracciones? … dudas, algunos miedos, inseguridad...una prueba de fuego.

A final, decidí volver a mi hogarcito calentito. 
Estaba tranquila, porque acababan de comprobar que todo estaba bien...había ganado 24 horas más...

Mi doula me daba tranquilidad ydecía que las contracciones iban a volver, sólo había que estar en un lugar tranquilo, en intimidad y saber esperar, mientras todas las señales estén bien...esperar y confiar, tranquilaaaaa...shhhhhhhhh........

Llegamos de nuevo a casa sobre las 14h, Carol se fue para dejarnos a solas y quedamos en avisarla.

Poco a poco las contracciones volvieron...Había colocado varias sillas por las habitaciones y el pasillo. Me sentía bien agarrándome a los espaldares cuando me daba una contracción. 

Ya a las siete de la tarde comenzaron las contracciones intensas, cada dos minutos. Llamamos a Carol y vino enseguida...me encontró desnuda, a cuatro patas en mi sillón, no la miré, no la saludé, ya estaba en trance, sólo lloré  cuando la oí llegar y no sé por qué...

Ella sólo dijo susurrando: Qué bien! Ya estás como aquella mujer del hospital esta mañana...y yo dije Siiiiiiiii! entre gemidos, dolor y placer....
 
Después de vivir tres contracciones a mi lado, intensas, largas y seguidas, le dijo a Jacob mejor vámonos ya que falta  poco.

Yo no sabía ni cómo incorporarme, ni cómo llegar al coche...
Carol me dijo: Sí puedes Sonia, vamos, te va a venir genial incorporarte y caminar un poco...

Me sujetaban, tenía que parar en cada contraccion, me pusieron una bata por encima, porque yo, en mi planeta parto, oxitocínica y endorfinada al máximo, salía desnuda hacia el coche.

Nos subimos al coche, yo iba detrás tratando de encontrarme cómoda. Finalmente me puse a cuatro patas mirando hacia el cristal izquierdo. 
Jacob iba despacito en cada contracción y aceleraba antes de que empezara la siguiente. 
 
Al llegar al Materno, de verdad les cuento queridas personas lectoras, comienza la función:

-En la puerta: Hola! tiene que entrar sola.
-Yo: ¿quéeeee? 
 
Me agarraba a una barandilla que hay en el pasillo de la consulta.
Contracción … ¡¡¡AAAAAAAahhhhhhhh….!!!

-Residente de Ginecología: Por favor, entre, siéntese y deme sus datos.
Contracción...¡AAAAAAAAaahhh! 
-Yo: No  puedo. Mis datos están en esa carpeta.

-Resi.Gine: Necesito que me diga su nombre y a qué hora empezaron las contracciones cada dos minutos.
-Yo: Por favor, ¿ no se da cuenta de en qué estado me encuentro? Usted sabe que estoy segregando oxitocina para parir y resulta que me está desconcentrando. ¿por favor me puede enviar a una sala y a alguien que me acompañe? Contracción...AAAAAAaaaahhhhh!

-Resi.Gine: primero tiene que tumbarse para ver cuánto tiene dilatado.

Me tumbé. Me introdujo dos cosas una pequeña y otra más grande y, me dijo que no tenía nada dilatado. O-O

Me llevaron a monitores. Me dejaron sola en esa sala llena de camillas separadas por cortinas. Había varias enfermeras sentadas alrededor de una mesa. Volvieron las contracciones más y más intensas y de nuevo cada dos minutos... AAaaaaaahhhhh!!!

Mi homeópata me dijo que podía avisar a un amigo matrón y en cuanto me puse de parto le envíe un mensajito... afortunadamente, yo llegué al materno sobre las ocho de la noche y su turno comenzaba a las nueve.

Les pedí que dejaran entrar a mi compañero, que necesitaba ayuda para sostenerme porque no tenía dónde agarrarme cuando una contracción se apoderaba de mi cuerpo. 
 
Me dijeron que no podía llamar a nadie porque el teléfono estaba roto. O-O

 ¿Cómo creen que me estaba sintiendo? Yo sólo necesitaba amorcito, calorcito, sostén. 
 
A las nueve, llegó el esperado matrón, Nico.
Nos encontramos las miradas, yo sonreí con una paz interior indescriptible… 
Ya está, me decía la vida, ya pasó todo, ya no estás sola.
Él, asombrado ante tanta sonrisa, pues jamás lo había visto, me dice: ¿Sabes quién soy? Y le respondí: Claro que sí, eres el matrón amigo de Sandra. ¡Qué bien que llegaste!
Él me abrazó. Preguntó cómo me sentía. Le conté en muy pocas palabras lo que necesitaba saber.
Déjame un momento, me dijo y escuché: Esta chica ya está. Me la llevo. 
 
Yo por el camino: ¡AAAAAAAAahhhh…! Cayéndome, encorvada y prácticamente colgada de él. 
Él me dijo: Sonia, mírame, mírame. Ponte de pie, cabeza alta. Entre contracción y contracción no hay dolor. Venga, arriba, relaja el cuerpo.

Después de aquellas palabras, me empecé a sentir, por fin, en mi cuerpo. Sin drama, simplemente abriendo camino.

Al llegar al paritorio yo sólo quería tirarme sobre la cama y taparme la cara con una almohada para que no se oyeran los gritos. Pero la cama de esa habitación era muy alta. 
 
Le pedí que por favor me llevara a la sala de parto natural , tal como pedía en mi plan de parto.

En menos de un minuto estamos tranquilos, en una sala cómoda, el paritorio 8, el paritorio de partos fisiológicos, que en nada se parece a un quirófano sino a una habitación con una gran bañera en medio.

Una vez allí, ví una colchoneta bajita y me tiré cual tigresa sobre su presa.
Al rato, él me propuso ponerme en vertical, agarrada de un fular que colgaba del techo. Lo probé y sí, me sentía muy bien.

Hacía un calor riquísimo en la sala. 
 Cada contracción se convertía en una caída libre con aquella tela.

Entró Jacob y luego Carol...Nico no tiene ningún problema en dejar entrar a mi doula, de hecho ya habían estado juntos en otro parto hacía poco.

El matrón me hacía gestos que apuntaban a lo bien que lo estaba haciendo, a lo valiente que estaba siendo. Yo sonreía.

Se dio cuenta que no respiraba bien y con mucho amor, me enseñó. 
 
A Carol no la veía, como buena doula, discreta y arrodillada a mis pies. 
 
A Jacob sí. Nico, le explicó también a él cómo apoyarme en la respiración. Él soplaba mi cara y yo soplaba hasta que se me iba la fuerza. Nos mirábamos a los ojos.

Llegamos a las nueve al paritorio y a las diez y veinticinco nació Urma.


Fue un parto precioso, natural, como la vida. 
No hacen falta efectos especiales, tan solo dejar que se produzca. 

 
Gracias Carol. La vida nos juntó y juntas hemos hecho vidas. 
Te quiero mucho.


Sonia 

 

No hay comentarios :

Publicar un comentario

Gracias por dejar tu opinión