lunes, 17 de junio de 2013

Corazón de Abuela

Cuando nace un bebé, nace una madre, nace un padre, nace una familia...nace una abuela, un tío, nacen primos y sobrinos.

Todos alrededor de los nuevos padres son una red que debería sostenerles firmemente.
Un apoyo que arropa, que libera a la familia de tareas mundanas, pasando casi desapercibidos, protegiendo este momento íntimo y sin hacer demasiado "ruido".
Esto les permite sumergirse en las tareas sutiles de despertar como madres y padres, de vincularse a su bebé, entregarse al proceso, establecer la lactancia, aprender a acunar, mecer, cantar, calmar...comer y dormir. Todo lo demás, alguien debería hacerlo y ese el principal apoyo que amigos y familiares deberíamos brindar a cada nueva familia que nace.

Los más emocionados ante la llegada del bebé después de los padres,  suelen ser los abuelos y las abuelas. Tiene que ser de lo más emocionante ver como tu hija/o se convierte en madre/padre, vivir con ellos esa metamorfosis, este re-nacer y conocer al nuevo bebé que llega a la famila.

Los abuelos viven con más sosiego la llegada de los nietos que la de sus propios hijos, con otra calma, con otra tranquilidad, sin tanto agobio de trabajo y con más tiempo y ganas de disfrutarles.
Además tienen mucha sabiduría y ganas de compartirla y suelen tener muchas ganas de ayudar y sentirse útiles.

Sin embargo en mi experiencia acompañando a madres durante estos años, siento que esta tradición de ayudar, apoyar y transmitir sabiduría de madres a hijas, ha tomado un rumbo, que demasiado amenudo, lse provoca ansiedad, agobio y  hace que las madres se sientan juzgadas y poco apoyadas por sus propias madres o suegras, que no comprenden ni comparten nada de lo que las nuevas madres hacen con sus hijos.

Si repasamos la historia de estos últimos 30 años, es fácil ver porqué sucede esto...
Nuestras madres, las abuelas de hoy, fueron mujeres que vivieron su maternidad en plena fiebre intervencionista, en un momento de la historia en la que se despojó a la mujer del poco poder que le quedaba, gestar, parir y criar con la fuerza de su cuerpo.

Nuestras madres parieron en su mayoría anestesiadas, "con el goteo" puesto, lo normal por aquellos años era llevarse a los bebés al nido y mantenerlos separados de ellas durante muchas horas al día y convencerlas de que "lo mejor" era quitarse su propia leche para alimentarles con leches artificiales. Volver al trabajo para ser independientes y libres y dejar a sus hijos al cuidado de otros, en pro de la independencia de la mujer. Independiente de su marido, dependiente del sistema.

No puedo imaginar el dolor de las madres y abuelas de nuestras propias madres, que asisitieron perplejas a ver cómo algo tan normal y tan natural les era arrebatado y cómo las convencían, una por una, de que su cuerpo no sabía, de que su cuero no podía.

Nuestras madres, como todas, hicieron lo que consideraron mejor, lo que les dijeron los profesionales del momento y eso, es lo que ellas esperan que hagamos y ahora son ellas las que asisten perpelejas a un nuevo cambio, a una "vuelta atrás" en la que las mujeres volvemos a creer que sí podemos, que sí sabemos.

Confiamos en nuestros cuerpos poderosos y nuestras capacidades, deseamos parir de manera fisiológica, no dudamos que nuestra leche es buena y suficiente, no queremos sustitutos ni de pecho ni de brazos...deseamos amamantar a demanda, dormir abrazados y llevar a nuestros hijos cerca de nuestros cuerpos, sin dejarles llorar ni acostumbrarlos a ser independientes antes de tiempo, que les respetamos como personas, que aceptamos sus necesidades y que además, incluso durante un tiempo, deseamos renunciar a la vida social y laboral, por quedarnos a su lado.

Lo bueno es que aparte de ir en sintonía con nuesto profundo instinto, lo hacemos en libertad y la evidencia científica, la OMS, la AEP, nos avala y se retracta de todo lo dicho y hecho en estos últimos 30 años.

Así que siento que madres e hijas, debemos sentarnos en círculo y hablar, entendernos, situarnos, respetarnos, no juzgarnos, entender que cada uno hace lo que considera mejor y que no nos hemos vuelto locas.

Aprender como abuelas a aceptar el cambio, a entender que nadie juzga lo que ellas hicieron pero que tenemos derecho a hacerlo diferente y a derribar mitos...porque deseamos tenerlas cerca, necesitamos de su apoyo y su abrazo y merecemos ser respetadas como madres de hoy, conscientes, informadas y libres.

Te propongo un primer encuentro este próximo miércoles 19 Junio  a las 17,30-19,30h en Flowroom, en la Calle Francy Roca, 55.
Aporación 10€ por persona.






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